“Yo no soy el maestro de ustedes; ustedes no son mis discípulos. No hay autoridad ni gurú que vaya a llevarles de la mano hacia Dios. Cada uno es su propio maestro y discípulo”. Más bien como un poste indicador para el viaje que cada uno de nosotros ha de hacer por sí mismo, Krishnamurti nos pide que utilicemos sus palabras como un espejo, para mirarnos tal como realmente somos y para ver la totalidad de la existencia. Para mirar de esa manera, la mente debe tener completa libertad, no ha de estar limitada por ninguna autoridad.