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<title>RSS FKL</title>
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 <title>La meditación y el instante sin tiempo</title>
 <description>&lt;p>&lt;strong>Interlocutor:&lt;/strong> ¿Qué implica la meditación?&lt;/p>&lt;p>&lt;strong>Krishnamurti:&lt;/strong> Lo primero es vaciar la mente por completo de todo lo conocido; la segunda es una energía no dirigida ni controlada. A partir de ahí, la meditación también requiere la más elevada forma de orden, orden en el sentido de terminar por completo con el desorden generado por la contradicción y una estado de la mente que no sea lo individual. Debemos descartar del todo la idea de practicar un método, porque lo más importante es si la mente, que incluye el corazón, el cerebro y todo el organismo físico, puede vivir sin distorsión ni compulsión alguna y, por lo tanto, sin esfuerzo alguno. Por favor, hágase esa pregunta a sí mismo; todo esto es meditación.&lt;br />&lt;br />Nuestras mentes están distorsionadas, han sido moldeadas por la cultura en que vivimos, por las estructuras religiosas y económicas, por el alimento que ingerimos, etcétera; le damos a la mente una determinada estructura, la condicionamos y este condicionamiento es una distorsión. Únicamente cuando no hay distorsión la mente puede ver con claridad, con pureza, con inocencia y de manera completa. El primer paso es la capacidad de mirar, el arte de escuchar, de mirar sin distorsión alguna, lo cual significa que la mente debe estar en absoluta quietud, sin un solo movimiento. Ahora bien, ¿puede la mente que está en constante movimiento permanecer completa y absolutamente en silencio, sin ningún movimiento, sin método, sistema, práctica o control alguno?&lt;br />&lt;br />La mente debe vaciarse a sí misma de todo el pasado para que sea altamente sensible y no puede ser sensible si existe la carga del pasado; sólo una mente que ha comprendido todo esto es la que puede formular la pregunta, pero al formular la pregunta no obtiene una respuesta, porque no hay respuesta. La mente se ha vuelto altamente sensible, por tanto, sumamente inteligente y la inteligencia no tiene respuestas, en sí misma es la respuesta. El observador no tiene cabida porque la inteligencia es lo supremo.&lt;br />&lt;br />En ese momento la mente ha dejado de buscar, no desea experiencias más elevadas y, por consiguiente, no utiliza la capacidad de controlar. Vea la belleza de eso, señor, no controla porque es inteligente; sólo actúa y trabaja, por lo tanto, en el mismo acto de la inteligencia desaparece el estado dual; todo esto es meditación. Es como una nube que comienza en la cima de un cerro junto con unas cuantas nubecitas pequeñas y a medida que avanza cubre todo el cielo, el valle, las montañas, los ríos, los seres humanos, la tierra; lo cubre todo. Eso es la meditación, porque la meditación abarca todo el vivir, no sólo una parte.&lt;br />&lt;br />Únicamente entonces la mente puede permanecer en silencio, sin un solo movimiento, no por un instante, porque ese instante no tiene duración, no pertenece al tiempo. El tiempo solamente existe cuando está el observador que experimenta ese silencio y dice, “quiero tener más”. Por lo tanto, como ese instante de absoluto silencio e inmovilidad no pertenecer al tiempo, tampoco tiene pasado ni futuro, de manera que esa inmovilidad, esa quietud absoluta está más allá de todo pensamiento; y debido a que ese instante no tiene tiempo, es eterno.Una mente libre de toda distorsión es, de hecho, la verdadera mente religiosa, no así una mente que va al templo, que lee los libros sagrados o que repite rituales por hermosos que puedan ser, tampoco lo es una mente saturada de imágenes impuestas o propias.El vivir no está separado del aprender y en esto hay una gran belleza, porque después de todo, el amor es eso. El amor es compasión, pasión, pasión por todo; y cuando hay amor no existe el observador, no hay dualidad, la dualidad del 'yo' que ama a 'alguien', ni el 'alguien' que me ama a 'mí', sólo hay amor, no importa que sea a uno o a mil; sólo existe el amor.&lt;br />&lt;br />Cuando hay amor, uno no puede actuar mal, haga lo que haga, pero nosotros tratamos de hacer las cosas sin amor ?viajar a la Luna, los maravillosos descubrimientos científicos? y, por lo tanto, todo termina mal. El amor sólo puede existir cuando no está el observador, es decir, cuando la mente no está dividida en sí misma como uno que observa y lo observado, sólo entonces existe esa cualidad del amor; si la tiene, eso es lo Supremo.&lt;/p>&lt;p>&lt;i>Extracto de un diálogo en Nueva Dehli, 1956&lt;/i>&lt;/p></description>
 <link>http://www.fkla.org/lasensenanzas/textos-online-tema.php?id=109</link>
 <fecha>2009-09-28</fecha>
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 <title>El papel de la educación</title>
 <description>Krishnamurti contesta a una de las preguntas que le formularon en una reunión con profesores y educadores de alumnos el 13 de marzo de 1948.&lt;br />&lt;br/>&lt;strong>Pregunta:&lt;/strong> ¿Qué papel puede desempeñar la educación en la actual crisis mundial?&lt;br />&lt;br />&lt;strong>Krishnamurti:&lt;/strong> Antes que nada, para comprender qué papel puede desempeñar la educación en la actual crisis mundial, debemos comprender cómo ha llegado a producirse la crisis. Si no entendemos eso, la mera edificación sobre los mismos valores, sobre el mismo terreno, sobre los mismos cimientos, producirá más guerras, nuevos desastres. Tenemos, pues, que investigar, en primer lugar, cómo ha llegado a producirse la crisis actual, y al comprender las causas comprenderemos, sin lugar a dudas, qué clase de educación necesitamos.&lt;br />&lt;br />Resulta muy claro que la crisis actual es el resultado de los falsos valores; de los falsos valores en la relación del hombre con la propiedad, con sus semejantes y con las ideas. La expansión y predominio de los valores materialistas engendra necesariamente el veneno del nacionalismo, de las fronteras económicas, de los gobiernos soberanos y del espíritu patriótico, todo lo cual excluye la cooperación entre los hombres para su propio beneficio, y corrompe la relación entre las gentes, que es la sociedad. Y si la relación del individuo con los demás no es la apropiada, la estructura de la sociedad tiene que desplomarse por fuerza. De un modo análogo, el hombre, en su relación con las ideas justifica una ideología -ya sea de izquierdas o de derechas, con buenos o malos medios, una ideología, en fin- para lograr un resultado. De manera que la desconfianza mutua, la falta de buena voluntad, la creencia de que un buen fin puede alcanzarse por malos medios, el sacrificio del presente por un ideal futuro, todo eso se ve claramente que son causas del actual desastre. No es posible dedicar tiempo a entrar en todos los detalles, pero a primera vista uno puede comprender cómo se ha producido este caos, esta degradación. Con toda seguridad el origen está en los falsos valores y en la dependencia de la autoridad, de los dirigentes, ya sea en la vida diaria, en la pequeña escuela o en la gran universidad. Los dirigentes y la autoridad son factores de deterioro para cualquier cultura. En cuanto uno depende de otra persona, ya no depende de sí mismo; y cuando uno no depende de sí mismo, tiene que ser un conformista, y el conformismo con el tiempo desemboca en la dictadura de los estados totalitarios.&lt;br />&lt;br />Al comprender, pues, todas estas cosas -al comprender las causas de la guerra, de la presente catástrofe, de la presente crisis moral y social- y al ver tanto las causas como los resultados, naturalmente uno empieza a percibir que la función de la educación es la de crear nuevos valores, no la de limitarse a implantar valores existentes en la mente del alumno, lo cual no hace más que condicionarlo sin despertar su inteligencia. Pero cuando el propio educador no ha visto cuáles son las causas del caos presente, ¿cómo puede crear nuevos valores, cómo puede despertar la inteligencia, cómo puede impedir que la próxima generación siga los mismos pasos que al final conducirán a un desastre aún mayor? Lo importante, sin duda alguna, es que el educador no se limite a implantar ciertos ideales y a transmitir mera información, sino que consagre todo su pensamiento, todo su esmero, todo su afecto, a crear el ambiente apropiado, la atmósfera adecuada, de manera que cuando el niño crezca y alcance la madurez, sea capaz de habérselas con cualquier problema humano que se le plantee. La educación, pues, está en íntima relación con la actual crisis mundial; y todos los educadores, al menos en Europa y América, están dándose cuenta de que la crisis es el resultado de una educación errónea. La educación sólo puede transformarse educando al educador, y no simplemente creando una nueva norma, un nuevo sistema de acción.&lt;br />&lt;br />&lt;i>Educando al educador, © KFA 1948&lt;/i></description>
 <tema>relacionconunomismo</tema>
 <link>http://www.fkla.org/kylosjovenes/search_texto.php?texto_id=62</link>
 <fecha>2007-08-05</fecha>
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 <title>La bondad</title>
 <description>La libertad es esencial para la belleza de la bondad.&lt;br />&lt;br />La bondad sólo puede florecer en libertad. No puede hacerlo en el terreno de la persuasión en ninguna de sus formas o bajo compulsión, ni tampoco es el resultado de la recompensa. No se manifiesta cuando hay alguna clase de imitación o conformismo y no puede existir cuando hay temor. La bondad se muestra en la conducta, la cual se basa en la sensibilidad. La bondad se expresa en la acción. La totalidad del movimiento del pensar no es bondad. El pensamiento, que es muy complejo, debe ser comprendido; esta misma comprensión hace que el pensamiento se dé cuenta de su propia limitación.&lt;br />&lt;br />La bondad no tiene opuesto. La mayoría de nosotros considera la bondad como lo opuesto de la maldad o del mal y, por eso, a lo largo de la historia y en toda cultura la bondad se ha visto como la otra cara de lo brutal. El género humano ha luchado siempre contra el mal para ser bueno; pero la bondad nunca puede aflorar si existe forma alguna de violencia o lucha. La bondad se pone de manifiesto en la conducta, en la acción y en la relación. Por lo general, nuestra conducta diaria se basa o bien en el seguimiento de determinadas pautas, las cuales son mecánicas y, por ende, superficiales, o en motivaciones muy cuidadosamente elucubradas cuyo fundamento es el premio o el castigo. De modo que, consciente o inconscientemente, nuestra conducta es calculada. Ésta no es buena conducta. Cuando nos damos cuenta de ello, no meramente de manera intelectual o ensartando palabras, entonces la buena conducta surge de la negación de lo que no lo es.&lt;br />&lt;br />La buena conducta es esencialmente la ausencia del ego, del yo. Se demuestra en la cortesía, en la consideración hacia los demás, en ceder sin perder la integridad. La conducta es extraordinariamente importante; no es una cuestión momentánea que pueda pasarse por alto o el juguete de una mente sofisticada. Esa conducta brota de la profundidad del propio ser y forma parte de nuestra existencia cotidiana.La bondad se muestra en la acción. Actuar correctamente es una de las cosas más difíciles de hacer. Es algo muy complejo y debe ser examinado muy detenidamente, sin impaciencia y sin sacar ninguna conclusión precipitada. En nuestra vida diaria la acción es un flujo continuado del pasado, a veces interrumpido por una nueva serie de conclusiones. Estas conclusiones se convierten a su vez en el pasado, de manera que uno actúa de acuerdo con ideas o ideales preconcebidos. Uno siempre está actuando o bien desde la acumulación de conocimientos, que son el pasado, o de cara a un futuro idealista, a una utopía. Nosotros aceptamos dicha acción como algo normal. ¿Pero lo es? La cuestionamos después de que haya ocurrido o antes de realizarla, pero dicho cuestionamiento se basa en conclusiones previas o en expectativas de premio o castigo futuros: “Si yo hago esto, obtendré aquello”. &lt;br />&lt;br />Ahora estamos cuestionando todo el concepto aceptado de la acción. La acción tiene lugar después de que hayamos acumulado conocimientos o experiencia; o actuamos y aprendemos, con agrado o desagrado, de esa acción y este aprendizaje se convierte a su vez en acumulación de conocimientos. Por lo tanto, ambas acciones se basan en el conocimiento y no son diferentes. El conocimiento es siempre el pasado y, por consiguiente, nuestras acciones son siempre mecánicas.&lt;br />&lt;br />¿Existe una acción que no sea mecánica, repetitiva, rutinaria y, por lo tanto, sin pesar? Es realmente muy importante que comprendamos esto, porque donde haya libertad y la bondad florezca, la acción no podrá ser nunca mecánica. Escribir, aprender un idioma, conducir un automóvil, adquirir cualquier clase de conocimiento técnico y actuar conforme a ese conocimiento son actividades mecánicas. Esta actividad mecánica puede suspenderse y en esa suspensión puede formarse una nueva conclusión, la que a su vez se vuelve mecánica. Uno debe tener en cuenta constantemente que la libertad es esencial para la belleza de la bondad. Existe una acción no mecánica, pero usted tiene que descubrirla. Nadie le puede enseñar o instruir al respecto; usted no la puede aprender de ejemplos, porque eso se convierte en conformismo e imitación y entonces usted ha perdido por completo la libertad y la bondad no existe.&lt;br />&lt;br />Cartas a las escuelas, ©KFT.</description>
 <tema>relacionconlosdemas</tema>
 <link>http://www.fkla.org/kylosjovenes/search_texto.php?texto_id=71</link>
 <fecha>2007-11-29</fecha>
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 <title>El mundo es lo que es Usted.</title>
 <description>&lt;br>¿Cuál es la relación entre usted y el sufrimiento, o la confusión que hay en su interior y en su entorno? &lt;br>&lt;br>De seguro que esta confusión, esta aflicción, no se originaron por sí mismas. Usted y yo las hemos creado; no ha sido la sociedad capitalista, comunista o fascista, sino que usted y yo las hemos creado en nuestra relación del uno con el otro. Lo que usted es por dentro ha sido proyectado afuera, sobre el mundo; lo que usted es, lo que piensa, lo que siente, lo que hace en su existencia diaria es proyectado al exterior, y eso es lo que constituye el mundo. &lt;br>&lt;br>Si somos miserables, confusos, caóticos por dentro, mediante la proyección eso se convierte en el mundo, en la sociedad; porque la relación entre usted y yo, entre yo y el otro, es la sociedad. La sociedad es el producto de nuestra relación, y si esta relación es confusa, egocéntrica, estrecha, limitada, nacional, eso es lo que proyectamos y, así, introducimos el caos en el mundo.&lt;br>&lt;br>El mundo es lo que es usted; por lo tanto, su problema es el problema del mundo. Sin duda, éste es un hecho simple y básico, ¿verdad? En nuestra relación, ya sea con otro o con varios, pasamos por alto este punto constantemente. Queremos lograr cambios por mediación de un sistema o de una revolución, a través de ideas o de valores basados en un sistema, y nos olvidamos de que usted y yo somos los que hemos creado la sociedad: según nuestra manera de vivir producimos orden o confusión. Por lo tanto, debemos empezar muy cerca, o sea, debemos estar pendientes de nuestra existencia diaria, de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, los cuales salen a relucir en nuestra forma de ganarnos el sustento y en nuestra relación con las ideas o creencias.&lt;br>&lt;br>Transfórmese a sí mismo y transformará el mundoLa transformación del mundo se consigue con la transformación de uno mismo, porque el yo es parte y resultado del proceso total de la existencia humana. Para transformarse uno mismo, el conocimiento propio es esencial; sin conocer lo que usted es, no hay base alguna para el recto pensar; sin conocerse a sí mismo no puede haber una transformación.&lt;br>&lt;br>¿Qué estás haciendo con tu vida? © 2001, KFA.</description>
 <tema>relacionconelmundo</tema>
 <link>http://www.fkla.org/kylosjovenes/search_texto.php?texto_id=11</link>
 <fecha>2006-07-06</fecha>
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